Proverbio árabe

Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.

Cita

Proverbio árabe

Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad

Cita

Hacer un gran trabajo.

buen_trabajo

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Poema s XIII. Rumi.

La metáfora del anfitrión cortés, que puede conseguir que sus huéspedes se vayan más felices que llegaron, invita a aceptar nuestras emociones   y sentimientos con amabilidad afectuosa.

El ser humano es como una casa de huéspedes.
Cada mañana, una nueva llegada:
una alegría, una tristeza, una mezquindad,
alguna consciencia momentánea,
llega como un visitante inesperado.

¡Dales la bienvenida y acógelos a todos!
Aunque sea una multitud de pesares
que arrasan violentamente tu casa
y la vacían de sus muebles.
Trata, no obstante,a cada huésped de manera honrosa
pues acaso te esté purificando
para algún nuevo deleite.

Al pensamiento sombrío, la vergüenza, la malicia,
recíbelos con una sonrisa
e invítalos a entrar.
Se agradecido con cualquiera que llegue,
pues todos han sido enviados
como guías desde el más allá.

La metáfora del anfitrión cortés, que puede conseguir que sus huéspedes se vayan más felices que llegaron, invita a aceptar nuestras emociones   y sentimientos con amabilidad afectuosa.

La loca de la casa.

“La imaginación es la loca de la casa”. Santa Teresa de la Cruz.

Esta frase se refiere al discurso interminable de nuestros pensamientos.

Este diálogo interno, en palabras de Vicente Simón “cavilación incesante” dificulta nuestra concentración y el disfrute del momento presente.

Un ejemplo puede ser este vídeo.

 

Compasión. Dalai Lama 14th.

Si quieres que otros sean felices practica la compasión, si quieres ser feliz tú practica la compasión. Dalai Lama Tenzin Gyatso.

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Cuento Zen: El arquero.

Cuento que nos hace reflexionar sobre, la superación personal, la confianza en uno mismo y sobretodo la humildad.

“Tras ganar varios concursos de arquería, un arrogante y joven campeón retó a un reconocido maestro zen en el arte del arco.

Con su primer disparo el joven dio en pleno centro de la diana; su siguiente flecha partió en dos la primera.

– ¡A ver si eres capaz de igualar eso! – le dijo al maestro.

Inalterable, el anciano en lugar de sacar sus flechas invitó al joven a que le siguiera hacia lo alto de una montaña. Pararon al llegar a lo alto de un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco.

El maestro caminó tranquilamente hasta el centro del tronco, eligió a lo lejos un árbol como blanco y disparó un tiro limpio y certero.

– Ahora es tu turno, joven campeón – dijo el anciano mientras saltaba serenamente a tierra firme.

Ante el pavoroso precipicio, el joven fue incapaz siquiera de dar un paso sobre el tronco y menos aun lanzar una flecha.

Eres muy hábil con el arco- expresó con amabilidad el maestro- pero tu mente es débil y hace a tus flechas siervas de tus temores.

 

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