Arun Gandhi (nieto de Mahatma Gandhi)

En una ocasión, yo era aún un niño, tiré un pequeño lapicero y le pedí uno nuevo a mi abuelo. El me ordenó ir a buscarlo. Me costó más de una hora, ya que lo había echado en el campo. Después me dijo: “para hacer este pequeño lápiz, se necesitan recursos naturales, madera; cuando lo tiras esto es violencia contra la naturaleza -y prosiguió- además estás consumiendo recursos que otras personas (pobres) no tienen y pueden necesitar; eso es violencia contra la humanidad”.

PIB. Robert Kennedy, 1968.

¿El PIB es el principal referente para medir el funcionamiento de un país? ¿Cual debería ser la métrica del progreso?

Este es un fragmento del discursos de Robert Kennedy, en plena campaña electoral allá por marzo de 1968, cuestionándose las luces y sombras de este índice.

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“Nuestro PIB tiene en cuenta, en sus cálculos, la contaminación atmosférica, la publicidad del tabaco y las ambulancias que van a recoger los heridos en nuestras autopistas. Registra los costes de los sistemas de seguridad que instalamos para proteger nuestros hogares y las cárceles en las que encerramos a los que logran irrumpir en ellos. Conlleva la destrucción de nuestros bosques de secuoyas y su sustitución por urbanizaciones caóticas y descontroladas. Incluye la producción de napalm, armas nucleares y vehículos blindados que utiliza nuestra policía antidisturbios para reprimir los estallidos de descontento urbano. Recoge (…) los programas de televisión que ensalzan la violencia con el fin de vender juguetes a los niños. En cambio, el PIB no refleja la salud de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación, ni el grado de diversión de nuestros juegos. No mide la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de nuestros matrimonios. No se preocupa de evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país. En una palabra: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida”…

 

Cuento Zen: El arquero.

Cuento que nos hace reflexionar sobre, la superación personal, la confianza en uno mismo y sobretodo la humildad.

“Tras ganar varios concursos de arquería, un arrogante y joven campeón retó a un reconocido maestro zen en el arte del arco.

Con su primer disparo el joven dio en pleno centro de la diana; su siguiente flecha partió en dos la primera.

– ¡A ver si eres capaz de igualar eso! – le dijo al maestro.

Inalterable, el anciano en lugar de sacar sus flechas invitó al joven a que le siguiera hacia lo alto de una montaña. Pararon al llegar a lo alto de un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco.

El maestro caminó tranquilamente hasta el centro del tronco, eligió a lo lejos un árbol como blanco y disparó un tiro limpio y certero.

– Ahora es tu turno, joven campeón – dijo el anciano mientras saltaba serenamente a tierra firme.

Ante el pavoroso precipicio, el joven fue incapaz siquiera de dar un paso sobre el tronco y menos aun lanzar una flecha.

– Eres muy hábil con el arco- expresó con amabilidad el maestro- pero tu mente es débil y hace a tus flechas siervas de tus temores.

Mur pour la paix. Paris

El muro por la paz se inaguró en  2000  para conmemorar las esperanzas puestas en el nuevo milenio, está ubicado en Campo de Marte, un lugar tradicionalmente dedicado a la guerra.
El diseño es de Clara Halter y fué edificado por el arquitecto Jean-Michel Wilnotte.
Sobre sus grandes paneles de vidrio esta escrita la palabra paz en 49 idiomas, estaba preparado para albergar a su vez los mensajes de cualquier persona a traves de un sitio web.
La pasada semana el “muro para la paz” estaba roto, faltando alguna de las placas de cristal. Se encuentran en el estado que muestra la fotografía.
Tampoco la paz es completa en el mundo. ¡Ojala lo fuese!

SOL … y florecen sus lemas (en Madrid)

 
   
   
   
   
   
   
   
   

Buena gente (Leopoldo Abadía)

A mí me gustaría que mis hijos …  y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales, lo que por ahí se llama “buena gente”.
(Leopoldo Abadía)

La trampa de la vida

En realidad, a través de mi trabajo descubro la vida, llego a las personas y conozco todo lo que ocurre a mi alrededor. La única trampa ante la que debo estar atento es la de pensar que todos los días son idénticos.
Paulo Coelho

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